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Cuidado Pastoral 

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Espiritualidad

Jesús nos pide: Sed santos como vuestro Padre celestial es santo (Mt 5,48). Por su parte, la Iglesia nos indica: Promover la santidad es una urgencia, una prioridad pastoral en la evangelización hoy (Novo Millenio Ineunte, 30, 31). Esa santidad se consigue a través de la vivencia de una auténtica “espiritualidad”. 

La “espiritualidad cristiana” es el camino y los medios propios para santificarnos, en el Espíritu (Rom. 8,4.9). Esta espiritualidad nos lleva a vivir el “estilo” de vida “cristiano”; a colaborar activamente con el Espíritu, que nos configura progresivamente con Jesús. La espiritualidad cristiana conlleva la espiritualidad de comunión (Cf. NMI, 43), que hemos de vivir en nivel interpersonal, entre las comunidades eclesiales, en la Diócesis y en la Iglesia universal. 

Esta espiritualidad cristiana ha de ser “encarnada” y “eclesial”, que viva la dinámica de la encarnación de Jesucristo: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14), “encarnada” en la realidad concreta personal, comunitaria, eclesial, cultural, social, etc., en la que vivimos. En esta realidad se encarna la presencia y acción de Dios y desde esas circunstancias particulares le damos nuestra respuesta. La comunidad “eclesial” es, entonces, el espacio y la fuente en donde se vive y desde donde se crece en esta espiritualidad cristiana.


Acompañamiento Espiritual

El acompañamiento pastoral es un proceso de guiar y cuidar espiritualmente al otro (nuestros alumnos en este caso) desde la falta de fe al conocimiento y encuentro personal con el Jesús del Evangelio. Es una ayuda dada por un cristiano a otro para que descubra la presencia y la acción de Dios en su vida, se deje iluminar por la Palabra y crezca en su camino interior y de oración. Es un proceso de ayuda, discernimiento y experiencia liberadora (plenificante).
Este proceso se realiza desde el Nivel Inicial pasando por Primaria y Secundaria. 

Nuestro Capellan actual es el Presbìtero Germán Aceto.


Templo Parroquial

El 15 de marzo de 1891 se coloca la piedra fundamental de la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced en la esquina de Lacroze y Lamadrid, su actual ubicación. Los cinco lotes fueron donados por la familia Ballester y fueron padrinos del acto la señora Rufina G. de Walger y el dr. Juan A. Lacroze, cuyos nombres y fecha figuran en la medalla acuñada con tal motivo (se reproducen).

El 24 de abril de 1908 Monseñor Juan Nepomuceno Terrero, obispo de La Plata, le concede la función canónica en calidad de Capellanía Vicaria. El 18 de junio de ese mismo año se inaugura el libro de Matrimonios y el 2 de agosto el de bautismos donde se registran 3: Pablo Francisco Santiago Tuttini, Julia Calvo y Josefa María López, todos vecinos de Villa Ballester.

Los planos de la construcción fueron obra del ingeniero Gino Aloisi. El proyecto consistía en una estructura basilical: 3 naves, atrio, ábside y dos torres. Razones económicas hicieron que el diseño debiera reconsiderarse. Con la dirección de don Rosendo Martínez, el templo comenzó a edificarse en 1919, con una sola nave y una única torre de estilo neogótico.

El edificio consta de una importante entrada donde se apoya el campanario de 34,30 m de altura. La piedra fundamental de esta construcción se colocó el 5 de octubre de 1919 y fueron sus padrinos: Elisa Schulza de Ader y Leonarda D. de Rodriguez Fontanilla y Rodolfo E. Martínez. Era párroco el Pbro. Ramón Baixaulí Nácher.

El 31 de julio de 1920 se eleva la categoría de Capellanía Vicaria a la de Parroquia. Se constituye una comisión “Pro Templo” conformada por conocidos vecinos que realizaron una tarea encomiable al propiciar la construcción del templo con una capacidad para unas 500 personas entre sentadas y de pie y con una superficie de 439m2.

El 6 de abril de 1930 se inauguraron las 3 campanas donadas por la Sra. Elisa Schulza de Ader, esposa de Bernardo Ader y bendecidas por el obispo de La Plata, monseñor dr. Francisco Alberti y en 1931, la familia Parent dona la puerta del atrio.

El templo ha cambiado de fisonomía desde su construcción. En el interior se han conservado las dos pilas de mármol blanco con agua bendita, la placa con los nombres de vicarios y sacerdotes, la escalera de madera que conduce al balcón para el coro y desde allí hasta el campanario y la torre.

Originalmente, sobre la izquierda, pasando las dos puertas con vitrales se ingresaba al bautisterio con la pila bautismal de mármol blanco y gris que hoy encontramos frente al Sagrario. Esas puertas constan de dos importantes vitrales que representan a Santa Ana y a San Joaquín, respectivamente, acompañando a la Virgen María niña.

Sobre la pared norte se conservan las imágenes de Nuestra Señora de Luján y “Ecce Homo”. También se mantienen los vitrales ojivales, 5 sobre la pared izquierda y 3 en la derecha y dos rosetones, todos con una flor rosada de cuatro pétalos. Además hallamos tres rosetones con las expresiones: “Tu eres Pedro”, “María Madre de la Iglesia” y “Solo un cuerpo y solo espíritu una sola esperanza” con una paloma blanca y un cáliz.

El altar fue reformado en 1970 de acuerdo a las disposiciones del Concilio Vaticano II (1962/1965). El original estaba construido con madera torneada y láminas de oro, como así también el púlpito. Ambos han desaparecido sin dejar rastros, junto a las imágenes de San Pedro Nolasco y San Francisco de Asís que acompañaban a la de Nuestra Señora ubicada en el centro del altar, y que hoy ocupa su lugar en la ojiva izquierda, mientras en la ojiva derecha reposa el Sagrario.

En el lugar del antiguo altar descubrimos tres vitrales con forma ojival. Comenzando por la derecha se observa un cielo tachonado de estrellas, una balsa con vela, peces nadando y la palabra “Esperanza” con el apellido de sus donantes, familia Baccino. En el centro una paloma blanca en medio, seis cirios rojos encendidos y oleadas de agua con la inscripción “Caridad” y los donantes: Asociación – Damas Pro Templo. En el de la izquierda la cruz, el Evangelio y las letras Pe y Exis, cuyo significado es: “Paz”, una vela roja encendida, la palabra “Fe” y sus donantes: José Angel Menini y Julia Morel de Menini. A la derecha aparecen un medallón de vidrio donde se lee “Sacrificio” y debajo “Sacramento” con una cruz, panes, espigas de trigo y peces.

Actualmente se exhiben las imágenes en madera tallada que representan a San José con el Niño Jesús (a la izquierda) y del Sagrado Corazón de Jesús (a la derecha).

Con posteridad se fueron agregando otras construcciones: la ampliación del techo, donde hoy funciona la farmacia, la casa para los sacerdotes, el despacho parroquial, y finalmente el colegio.

Al cumplirse los 100 años de su inauguración el templo fue totalmente remozado. Actualmente, el padre Pablo está haciendo un gran esfuerzo para obtener los recursos que le permitan realizar las obras de reparación necesarias para mantener nuestra parroquia en el estado que se merece y que todos deseamos.

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